10 agosto 2010

DORSALES MÍTICOS: 9 Alfredo Di Stéfano

Ha sido el mejor jugador de todos los tiempos, el más completo. Atacaba, defendía, lo hacía todo bien. Era un líder dentro y fuera del campo, aunque él, en su modestia, siempre se ha definido como “un jugador de equipo”.

Alfredo Estéfano Di Stéfano Laulhé nació el 4 de julio de 1926 en Buenos Aires (Argentina), siendo el mayor de tres hermanos. Hijo del emigrante italiano del mismo nombre y de la emigrante francesa Eulalia Laulhé Gilmont. Vivió sus primeros años en la barriada bonaerense de Barracas.

Creció jugando con los chicos del barrio en terrenos baldíos, en 'la academia de la calle', con pelotas de goma que costaban dos centavos. Su primer equipo organizado se llamaba 'Unidos y Venceremos', antes de trasladarse al barrio de Flores, donde jugaría en el 'Imán'. Su juego asombra y su talento no pasa inadvertido. En 1944 hizo una prueba con River y rápidamente le aceptaron.

Debutó en 1945 ante Huracán, equipo en el que un año después jugaría cedido. Allí sus técnicos ya adviertieron que están ante un futbolista excepcional. En 1947 regresó a River, con el que se proclamaría campeón y máximo goleador. Ese año debutó con la Selección Argentina que ganó el Campeonato Sudamericano de Guayaquil (Ecuador), en el que anotó seis goles. Pronto le bautizarían con el sobrenombre de 'La Saeta Rubia' por la explosiva velocidad que imprimía a su juego.

Una huelga general paralizó el fútbol argentino y Di Stéfano fichó por el Millonarios de Bogotá, el mejor equipo de Colombia. Era una auténtica selección mundial, donde coincidió con grandes jugadores como Rossi, Báez o Pedernera. Los éxitos deportivos de aquel 'Ballet Azul' traspasaron fronteras. Con este equipo jugó 294 partidos y marcó 267 goles. En 1952 jugó por primera vez en España, en Chamartín, con motivo del torneo que conmemoraba el 50 Aniversario del Club. Ese día enamoró al madridismo, un flechazo que muy pronto llegaría a concretarse. El sueño del madridismo se vio cumplido en 1953, cuando el Real Madrid consiguió fichar al mejor futbolista del momento tras una larga disputa con el Barcelona, club que también pujaba por sus servicios. Debutó el 23 de septiembre de 1953 ante el Nancy francés. Sería el primero de los 510 partidos que disputó con el Real Madrid, en los que marcó 418 goles. Con el conjunto blanco ganó ocho Ligas, cinco Copas de Europa, una Copa de España, una Copa Intercontinental, dos Copas Latinas, una Pequeña Copa del Mundo, entre muchos otros títulos. Además, se proclamó cinco veces 'Pichichi' en las temporadas 1953/54, 1955/56, 1956/57, 1957/58 y 1958/59.

Aquel Real Madrid ha pasado a la historia como uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Santiago Bernabéu logró reunir a una generación de futbolistas irrepetibles: Gento, Rial, Kopa, Puskas, Santamaría, Juanito Alonso, Zárraga… y Di Stéfano, considerado por todos como el líder natural, aunque él rechazaba los elogios y los personalismos, anteponiendo siempre el trabajo del conjunto. Era un futbolista total, ejemplar dentro y fuera de los terrenos de juego. La UEFA le otorgó el Balón de Oro en 1957 y 1959.
En el plano deportivo, siempre lamentó no haber podido disputar ningún Campeonato del Mundo con la selección española, cuya camiseta defendió en 31 ocasiones. Su último partido oficial con el Real Madrid fue el 27 de mayo de 1964 en el Prater vienés en la final de la IX Copa de Europa. Tras dos temporadas en el RCD Español, se despidió definitivamente del fútbol en un partido homenaje que disputaron Real Madrid y Celtic de Glasgow en 1966.

Una de las grandes virtudes de Alfredo Di Stéfano fue su capacidad de asimilar, para luego transmitir, todos y cada uno de los consejos que le fueron dando cuantas personas, ligadas o no al fútbol, que fueron desfilando por su vida. Sus primeros entrenadores en Argentina (Peucelle y Cesarini) le marcaron la senda del triunfo y le avisaron de las bifurcaciones que conducían al fracaso. En el Real Madrid aprendió que las normas y la buena imagen estaban por encima del triunfo. Después, él escribió, con su ejemplo, unos códigos que se han ido transmitiendo de generación en generación. Gran parte de esta filosofía de sacrificio, trabajo y espíritu ganador se convirtió en consejos deportivos y humanos que tuvo tiempo de enseñar en su etapa como entrenador. Bajo su disciplina desfilaron centenares de jugadores que aún conservan sus enseñanzas en la memoria como su bien más preciado.

Además de al Real Madrid, Di Stéfano dirigió al Elche (1967), Boca Juniors (1968), Rayo Vallecano (1975), Castellón (1976), River Plate (1981) y Valencia (en tres ocasiones). En todos estos equipos dejó el sello de su carácter competitivo, el amor por su trabajo y su espíritu ganador. En todos fue respetado y sigue siendo querido.
Desde el 2000, Alfredo di Stéfano es Presidente de Honor del Real Madrid.

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