07 mayo 2016

El trágico final de la Lazio de los 70

En la temporada 1973-74, un espectacular equipo de la Lazio que comenzaba a marcar época, se impuso en la Serie A a los hegemónicos equipos del norte que tradicionalmente se imponían en el calcio italiano. Aquel equipo capaz de 'robarle' el Scudetto a la Juve de Capello, Zoff, Gentile y Rossi; al Milan de Rivera y al Inter de Facchetti, Scala y Boninsegna, estaba entrenado por Tommaso Maestrelli, un genio tenaz y con grandes métodos de psicología capaz de lidiar con un vestuario que daba miedo a todo aquel que entraba por primera vez.

Aquel equipo fabuloso sobre el campo, contaba con dos 'pelotones de ejecución' separados de puertas para dentro, que cada día vivían una nueva batalla de manera literal para proteger su terreno. Aquella época 'biancazzurri' transcurrió como si de una película del salvaje oeste se tratase o si la representación de 'el Padrino' se diese cada día en las calles de Roma. Peleas, disparos, sangre... líderes totalmente fuera de control capaces de acogerse a códigos de honor infranqueables. Estos líderes absolutos del equipo, eran 'los capos' de sus respectivos grupos. Por un lado Giorgio Chinaglia, conocido como 'Long John' delantero centro y 'capocanonieri' aquella temporada, reconocido fascista y enamorado de las armas (en su bolsa de deportes acomodaba junto a sus botas una Magnum del calibre 44). El otro bando era dirigido por el lateral izquierdo Luigi 'Gigi' Martini, implacable defensa que no dudaba en llevar a la lona al contrario y de quien se dice que tenía especial predilección por disparar a las farolas o a las lámparas de los hoteles durante las concentraciones.

Los dos grupos pasaban la semana sin hablarse, sin cruzar el territorio enemigo, sin regalarse una mirada. Los entrenamientos eran cruentas batallas, con cualquier roce o discusión se liaba y no pocas veces acabaron, literalmente, a tiros. "En aquel equipo llevábamos pistola más o menos todos" recuerda el portero Felice Pulici. Los partidillos no tenían fin, ninguno de los dos bandos quería perder y mucho menos abandonar, por lo que casi siempre Maestrelli lo dejaba en tablas para que la vida continuara. Mención especial merecen las concentraciones de aquella Lazio. "Si alguien entraba en la habitación errónea corría el riesgo de verse con una botella rota bajo el cuello", cuenta el periodista y seguidor del Lazio Guy Chiappaventi. El centrocampista Vincenzo D'Amico llegó a explicar que "había dos equipos distintos, ni nos veíamos en los hoteles. Si un grupo ya había utilizado un secador de pelo por ejemplo, el otro no se atrevía ni a tocarlo".

Solamente sobre el césped ambos grupos dejaban a un lado sus odios y diferencias, por un bien común. Por ejemplo si el delantero Chinaglia recibía una dura entrada del equipo rival, la banda de Martini se lo hacía pagar bien caro al equipo contrario. Así se fue elaborando el Scudetto más sorprendente de toda la historia del Calcio. Los números del campeón no dejan lugar a dudas de que aquel equipo se consagró y logró ganar la batalla al resto. Solamente cinco derrotas (ganó 18 partidos de 30 y empató 7), se llevó el trofeo de máximo goleador por medio de Chinaglia y le sacó dos puntos a la Juventus.

La mayor parte de mérito de aquel Scudetto habría que atribuírsela al entrenador Maestrelli, que consiguió no solo mantener vivos a todos sus jugadores durante aquel año (se las veía y deseaba en cada concentración del equipo para confiscar el armamento con el que sus chicos llegaban a los entrenamientos y partidos: bates de béisbol, navajas, pistolas y otros enseres que sus muchachos coleccionaban), sino que les hizo campeones de la Serie A, siempre con sus métodos al más puro estilo 'Vito Corleone'. Don Tommaso era capaz de regalarle los oídos a Chinaglia, otorgándole el poder del vestuario para luego en privado decirle lo mismo a Martini y proclamar su desprecio por 'Long John'. Así era aquel míster, muy diferente a los que hoy se sientan en los banquillos.

Aquel equipo, inestable mentalmente y contundente sobre el terreno de juego, tuvo una corta vida, debido a un trágico hecho que cambió la historia de ambos bandos. El 18 de enero de 1977 Luciano Re Cecconi, apodado 'L'Angelo biondo' (el Ángel rubio), sensacional interior izquierdo y querido por las dos facciones del vestuario por su sentido del humor, se encontraba en su casa junto a su compañero Pietro Ghedin, además del perfumista Roman Fraticcioli. Éste les pidió dirigirse a la joyería de su amigo Bruno Tabocchini, ubicado en la zona de la Colina Fleming. Aunque se trataba de una zona tranquila, Tabocchini había sido asaltado varias veces en los últimos meses. Re Cecconi no lo sabía e intentó gastarle una broma al joyero haciéndose pasar por un ladrón, por lo que se tapó la cara, entró en el local, y le gritó: "esto es un atraco, arriba las manos", simulando tener un arma en su mano derecha. El joyero no reconoció al futbolista y no dudó en disparar su Walther 7,65 sobre el pecho del centrocampista 'biancocelesti', provocándole una herida que le causaría la muerte una hora más tarde mientras era atendido en una clínica de Roma.

Días después, los clanes de Chinaglia y Martini se unían por primera y última vez de forma pacífica para ofrecer una corona en memoria de su compañero muerto. Aquello supondría el fin del 'Grupo Salvaje'. Después de aquel año se iniciaría la diáspora de jugadores, dejando tan sólo el recuerdo de aquel Scudetto de 'los años de plomo'.

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