03 enero 2026

Al borde del abismo

 

Xabi Alonso afronta el inicio del 2026 bajo una intensa presión, con tres partidos por delante que podrían determinar su continuidad en el Real Madrid. La primera prueba llegará este fin de semana, cuando el Real Betis visite el Santiago Bernabéu en LaLiga, un partido que hay que ganar para mantener el ritmo del FC Barcelona, y evitar que el Atlético de Madrid, tercero en la tabla, acorte distancias. El siguiente es la semifinal de la Supercopa contra el Atlético de Madrid en Arabia, un enfrentamiento que la directiva considera esencial para conseguir el primer trofeo del club bajo la dirección de Xabi. La victoria le daría la oportunidad de disputar una posible final contra Barcelona o Athletic Club, el tercer encuentro decisivo que podría definir su futuro inmediato. El éxito en los tres partidos podría consolidar la posición de Alonso, pero el fracaso, especialmente en el derbi de la Supercopa, podría acelerar su salida.

El técnico tolosarra aterrizaba el pasado verano en el banquillo del Santiago Bernabéu con un libro de estilo, con una propuesta, y con alguna petición en el apartado de fichajes. Y ahí se llevó la primera negativa... "Zubimendi no, aquí será suplente", fue la respuesta de José Ángel Sánchez, director general y mano derecha de Florentino Pérez.

Si en febrero de 2006, Florentino Pérez dimitía como presidente del Real Madrid dejando como titular el ya famoso "he maleducado a los jugadores", casi 20 años después vuelve a repetir el mismo patrón. Xabi se ha dado cuenta, en el día a día, que lo que es su plan de entrenamiento no encaja con lo que algunos jugadores quieren, y lo peor de todo es que los jugadores se sienten empoderados porque el club se lo permite. No es normal que un jugador marque la pauta al entrenador de turno. "No, es que no me gusta ver vídeos tan largos". "No, es que no quiero hacer dobles sesiones". "No, es que no quiero concentrarme". No, es que no quiero jugar en esta posición". Son solo algunas de las quejas que parte de los jugadores han deslizado a la prensa y al propio presidente.

Además, hay que poner el foco en la planificación deportiva del club y en lo que el club está haciendo en materia de fichajes. Y, evidentemente, hablamos de los máximos responsables del Real Madrid. Una temporada más, la planificación deportiva ha sido nefasta, faltan jugadores en muchas posiciones pero, principalmente, en el centro del campo. Desde la salida de Toni Kroos, todo el mundo ve claro que el Madrid necesita un perfil de jugador creativo que organice el juego e inicie la jugada. Este verano hubo una oportunidad que era Martín Zubimendi y no se fue a por él, y no tener un jugador de este perfil es algo que está penalizando el juego del equipo. Siendo una petición del técnico vasco, se ve claro que el objetivo del presidente sigue siendo vender camisetas en lugar de tener un equipo compensado en todas sus líneas.

A la vista está, que detrás de las negativas del presidente a algunos fichajes en las últimas temporadas, está la deuda de casi 1.600 millones de euros, por la absurda e innecesaria remodelación del Santiago Bernabéu, algo que repercute muy negativamente en la política de fichajes y en la planificación de la plantilla. Solo la faraónica remodelación del estadio asciende a 1.347 millones de euros, una cifra que duplica con creces el presupuesto inicial previsto de 575 millones. A pesar del coste, los problemas de goteras, la cubierta que no abre en su totalidad o los problemas acústicos durante los primeros eventos celebrados en el nuevo Bernabéu, provocaron quejas vecinales y la intervención de las autoridades municipales, paralizando uno de los ejes estratégicos de Florentino para la explotación comercial del estadio.

Es cierto que la propuesta del Real Madrid en los últimos años ha sido buena. Para poder competir con los clubes-estado que fichan a golpe de talonario, la solución es fichar jugadores jóvenes y talentosos para que vayan creciendo bajo el paraguas de otros que han sido líderes de este vestuario. El problema es que esos referentes han desaparecido y la dirección deportiva (si es que la hubo en algún momento) no ha contemplado que esto fuese a ser tan relevante, y eso es un error grave. Esa carencia se podría haber solventado con algún fichaje estratégico fuera de esa política. Además, todos sabemos que esto se compensa dándole plenos poderes al nuevo entrenador. Un técnico al que le quedan, todavía, dos años y medio de contrato y que además fue una apuesta personal del propio presidente.

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